HASTA SIEMPRE

Como homenaje al magnífico futbolista sevillista fallecido ayer, Antonio Puerta desde miblogdefutbolmodesto.com traigo al recuerdo dos recortes de periódico en los que se habla de Antonio Puerta padre, Añoño que no pudo triunfar vestido de corto y tampoco ha podido ver triunfar totalmente a su hijo. De casta le venía al galgo y como recuerdo de lo que fue la segunda generación de los Puerta traigo hoy este bonito artículo que escribía hace dos años Alejandro Delmás, una de las mejores plumas del periodismo deportivo sevillano, hablando de Puerta hijo y recordando a Puerta padre. Quería poner también un recorte del periódico Odiel de cuando Añoño, su padre fichó por el Recreativo de Huelva pero no encuentro la fecha. Lo pondré próximamente.
Lloraba Manuel Ruiz Sosa, el medio centro internacional de Coria que en los años 60 era tan necesario para el Sevilla y el Atlético de Madrid como el balón para el partido. Lloraba Manolito Ruiz Sosa a la luz de la Feria, en la caseta de la Peña Al Relente, horas antes del partido, lloraba de emoción, como lloran los hombres, porque ya sabía que su Sevilla, los que son sus herederos, se metía en la final de Eindhoven, la ciudad de la Philips. Las lágrimas de emoción de Ruiz Sosa cruzaban el Guadalquivir, entre Coria y Triana: de Coria salieron y en Coria crecieron para el Sevilla futbolistas como el mismo Ruiz Sosa, Pato Araujo, Marcelo Campanal, Herrera I, Enrique Lora... y en Triana, en el Triana Balompié de los años 60, empezó a gestarse el temple de Antonio Puerta, el purasangre que anoche conectó el zurdazo de su vida: Añoño, el padre de Puerta, fue un fino delantero en el verdiblanco Triana Balompié. Se echó novia en Nervión. Y allí se quedó.
Añoño, que se juntaba en el Triana con Cristo, Demetrio, Quino y Bizocho, tuvo un niño de Nervión que creció en el Sevilla y para el Sevilla en los potreros de la Ciudad Deportiva que cuidan Pepe Alfaro, Ruiz Sosa, Pablo Blanco, Monchi: la cantera del Sevilla, su mejor joya. Y, cuando lloraba lágrimas sevillistas, al sol rojo de Al Relente, Ruiz Sosa recordaba así al gran Fernando Guillamón: "el lateral con más llegada que he visto". Era que su corazón sevillista ya le decía que el gol del triunfo lo iba a meter el hijo de Añoño: entre Coria, Nervión y Triana. La vida de 99 años del Real Betis Balompié no es "un cuento lleno de sensatez y de furia que cuenta algún idiota y que nada significa". Esta frase entrecomillada, una de las más célebres de la Literatura Universal, pertenece a William Shakespeare, ese chico inglés del bigote que se enamora de Gwyneth Paltrow. En su momento, valió a William Faulkner para prologar su novela magistral: The Sound&The Fury. Que se traduce, insistiremos una vez más, como "La Sensatez y la Furia", no "El Ruido y la Furia". Punto.
Pues la historia de 99 años en la Bética, quizá hubiera necesitado a un Shakespeare o a un Faulkner. Y no es un cuento lleno de sensatez: ni de furia, sino de un arte muy misterioso que unen y codifican santuarios como Triana, Coria del Río, Camas, Heliópolis, el Polígono de San Pablo y de San Rafael Gordillo y el barrio de El Fontanal, o sea, de Lopera. Triana es el Triana Balompié y el maestro Joaquín Sierra, Quino. De Coria vino la Pata de Caoba de Rogelio. Camas bautizó al Faraón, Curro Romero, a Paco Camino y ahora a Oliva Soto, el nuevo delfín del Faraón. Reflexión: ¿por qué los toreros de más arte son béticos? Buena pregunta para Shakespeare.
ALEJANDRO DELMÁS
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